Acceso al servidor

Una de mis tareas habituales en mi trabajo, es mantener y administrar servidores GNU/Linux con distintas finalidades en distintas empresas. Hace no mucho, recibo una petición por parte de una de estas empresas, solicitaban tener acceso a dichos servidores para administrarlo ellos mismos.

Sin problemas. Se activa nuestro sistema habitual para estos casos, se le trasmite a la persona indicada una nueva clave tan larga y aleatoria como la anterior por una ví­a segura. Una vez hecho esto, en principio yo me desentiendo de la máquina que con tanto “cariño” habí­amos montado hace ya bastantes meses mi compañero y yo.

De pronto, una mañana llego y me encuentro con un mail donde dice algo como “Oye, que ya nos habeis pasado la clave, pero no habeis dicho nada del usuario, hemos probado con administrador pero no funciona”. Uffff. No está mal empezar las mañanas con unas cuantas risas. Pero, casi sin evitarlo, empiezo a preocuparme levemente por ese servidor y de que tipo de persona va a encargarse de él (pobrecito… el servidor…).

Bueno, la persona pertinente se encarga de informarle que para administrar una máquina GNU/Linux se utiliza el usuario root de forma habitual. El caso es que al final acaban pasandome por teléfono a la persona que supongo debe encargarse del tema. Me pregunta que servicios tiene corriendo la máquina, además me pregunta si es un Apache. Yo le informo, FTP, Samba, SSH entre las más importantes, pero no, no lleva un servidor web Apache. Ok, parece que lo tiene todo controlado. Me “vuelvo” a olvidar del tema.

Nada de esto hubiese contado en el weblog si no hubiese ocurrido hoy mismo lo siguiente:
Llamada de cierta persona de esa empresa, algo cabreada por que aquello sigue sin tirar. Me pone de nuevo con el responsable, para que confirmemos que ocurre. Vale, me dice que la clave no se la han debido pasar bien, por que no consigue entrar. Que raro, algo huele mal, lo presiento, así­ que le pregunto:

-Pero, a ver, ¿como lo haces para acceder al servidor?
-Pues, como va a ser, con el navegador… – (me quedo bloqueado unos segundos y no se que decirle)
-Pero hombre, ¿como vas a entrar por web para administrar una máquina si no tiene servidor web?- Le digo, mientras mi compañera de trabajo se troncha de risa al oir lo que estaba diciendo…

Bueno, reconozco que no me ha ido nada mal empezar el dí­a con un toque de humor tan entretenido. Pero me da a mi que ese servidor va a convertirse en un cacharro muy poco productivo en los próximos dí­as. Que pena, con lo bien que tiraba. :P

Me pregunto si mañana me llamará, una vez que vaya hasta el servidor y le ponga un monitor, preguntandome por que se ve una pantalla negra con un cursor parpadeando. Si ya me dice algo del ratón, no se si podré aguantarme… :P

El peor dí­a

Tengo suerte. Tengo mucha suerte. Si le cuento a alguien a quien quiero mucho “Hoy es el peor dí­a de mi vida”, la única respuesta que podí­a animarme es exactamente la que me ha dicho: “Eso significa que los que vienen serán muy buenos”. Espero que tenga razón. :)

Concierto de Joaquí­n Sabina

Sabina Alivio de lutoNo me esperaba que estuviese “tan joven y tan viejo”, dando la talla con su voz rota. Mucho menos me esperaba que “el flaco” andase en una época tan romanticón.

Me toco la fibra en más de una ocasión, emocionandome más de la cuenta. Y teniendo en cuenta que ya llevo bastantes conciertos del Martinez y compañí­a a mis espaldas, no me esperaba más de la tí­pica piel de gallina de concierto en directo.

A sus cincuenta y muchos, ya no está para saltos y bailoteos de escenario. Supongo que los excesos acaban pasando factura tarde o temprano. Pero cumple con un concierto llevado desde un taburete y su vaso de, lo que supongo, whisky con hielo.

A pesar de que me toco tener alrededor una panda de mal educados (lo malo de tener asientos numerados es que no puedes cambiarte de sitio si te ocurre esto), la velada y mi acompañante han superado de mucho mis espectativas. Realmente mereció la pena ir al concierto.

Después del concierto, al dejar a mi acompañante en su destino, he disfrutado y reido todo lo que me hací­a falta para volver a cierta serenidad mental, tomando unas copas en las barras más concurridas de la zona.

Ultimamente me estoy haciendo demasiado asiduo a las noches de fiesta, al final me veo perdiendo la apuesta.

Cena fotobloguera

Ayer noche cenamos unos cuantos amigos aficcionados a la fotografí­a que participamos en un taller fotográfico muy entretenido. Faltaron algunos miembros, una pena, pero es bastante difí­cil dar con la posibilidad de que coincidamos todos.

Voy poniendo los enlaces de cada uno de los que publica las fotos y comentarios sobre la “velada”.